Una llamada, una y otra vez, sonando, a toda hora, a todo volumen, esta ahí, pero la ignoramos. Esa es la sensación que siento hace un largo tiempo, como una especie de loop, más bien algo parecido a «El día de la marmota», aquella pelicula que en una tarde habremos comentando entre varios, en ese momento niños, en una mesa rectangular de patas de madera de aquel Taller de cine «El Mate» que generaba apertura; pongamosle nombre: una conversación, esas que se extienden pero no solo en el tiempo, como el agua que corre por el altiplano, sino en la memoria y por toda la forma de una mesa.
Mientras los días se queman,y el ruido no cesa, es como si el «bipbipbip» del aparato telefonico se agudizará más y más sin embargo esto ya resulta un atractivo turistico más del paisaje urbano de esta; nuestra cotidianidad, una normalidad de cuerpos agotados como si de alguna manera aquel sonido calara en lo profundo sin darnos cuenta. Se ha convertido casi hasta tabu detenerse, desligarse de todo aquello que nos encierra en los circulos interminables del placer en lata que nos venden, pero aún más tabú se ha vuelto la conversación. Como si de medir aquel termino se tratase hemos descuidado aquel espacio. Porque aquello que rinde frutos es preciso de cuidarse, no para medirlo como rendimiento sino de cuidar aquello que nos deja lo humano mismo. Hoy se vislumbra un presente donde pareciera que lo humano se nos aleja poquito a poco, y nos encontramos nuevamente en una encerrona angustiante de pantallas, fragmentación y sueños agotados.
Quizas las burbujas en el contexto educativo de la pandemia o cualquier otro contexto sean la mejor forma de ilustrar el presente que vivimos. Y quizas burbuja sea un buen termino para referirnos a este presente encapsulado, de mundos encerrados que fingen apertura hacia el afuera desde el encierro del adentro. Un breve resumen para quienes no les toco vivir la experiencia de la educación secundaria en Pandemia en la Argentina o no recuerdan que por aquellos tiempos viviamos una «nueva modalidad» le llamaban, la escuela burbuja, donde se fragmentaban grupos para poder disponer de mayor espacio por estudiante y así respetar los protocolos sanitarios de distanciamiento social e higiene que se seguian en aquel momento.
Este escenario de burbuja en pandemia descrito anteriormente y el paralelismo con el presente es lo que me lleva a escribir precisamente este articulo sin ninguna animosidad de ser profesional y con la esperanza de poder dejar algo más que catarsis de un domingo por la tarde que abre paso a un «Lunes Otra Vez» y formular algun trazo hacia un camino en vistas de recuperar la palabra.
Adentrandonos más en el abordaje de la situación de burbujas creo también que esta fragmentación donde el adentro es mucho mas fuerte que el afuera que parece estar clausurado de exploración, es condición determinante para que se haya generado una especie de miedo a la conversación o aún mas importante, a la pregunta que propicia el lugar para ella. Y pensando en esto, no es casual que esto se de en momentos de profundos cambios a nivel geopolitico, del control de activos estrategicos, de pugnas e idas y venidas. También forma parte de este panoptico el hecho de una notable profundización de la polarización, hoy profunda y transversal, que se cristaliza en muchos resultados electorales recientes en latinoamerica. Una polarización que deja rastro y que se sucede en la antesala a cualquier elección, en redes sociales y también en la examine conversación pública que en gran mayoría ademas suele suceder en redes. El común denominador que se deja ver aquí es una conversación de no conversar sino de una profundización de los sesgos de confirmación, que obviamente se dan mucho más en escenarios de burbujas donde la pregunta se agota rapidamente o es inexistente. Esto último es aún más visible en la busqueda de circulos donde buscamos sintonia absoluta, sin ruido en ese sentido, lo que termina por conformar a mi parecer una escena distopica de ruido interminable, otro ruido, uno más parecido al que no permite escuchar a un otro pero que nos deja en bucle con lo propio, o lo que creemos nuestro.
Hablemos de ruido: ¿Cómo se da una conversación cuando constantemente es interrumpida? Y aquí me interesa sobre todo caer en lo relevante de la espera, o más bien el silencio, aunque la espera no es casual que se mencione. El silencio aquel que ya hace tiempo pretenden monopolizar, ya no es necesario monopolizar la palabra para adueñarse de la conversación sino monopolizar el silencio. ¿Quien es dueño del silencio? Bueno yo tiendo a creer que aquel que pretende evadir una conversación, aunque

